Jacobo Vaena: Al maestro con cariño


Se lo notaba nervioso al maestro minutos antes del acto. Pero no por el merecido homenaje que minutos después le iban a brindar todos los miembros de la familia de la Facultad de Bromatología de la UNER, sino porque no quería ausentarse de la clase de Matemática I que habitualmente dicta los martes, justo media hora antes del merecido reconocimiento.
 A veces, una anécdota bien puede sintetizar el espíritu de un hombre, y en este caso bien caracteriza a quien cumplió 38 años ininterrumpidos “con esmero y compromiso” al frente de la cátedra Matemática I de la Licenciatura en Bromatología, según indica la resolución C.D Nº 167/10 que dio luz verde a la solicitud del Personal Administrativo y de Servicio de esa institución de rendir homenaje a la trayectoria del Profesor Ingeniero Jacobo Vaena.
 Como buen memorioso, Vaena se vuelve la persona ideal para relatar los primeros años de vida de la Facultad, allá por 1972, cuando se inició como Escuela Superior de Bromatología. En aquel entonces, fue designado para integrar el primer cuerpo de profesores.
 “A la primera clase la dicté el 9 de Mayo de 1972”, rememora, y añade que a los pocos meses afrontó su primer concurso. “Saqué 97 puntos sobre 100”, se enorgullece. De aquel instante decisivo en su vida, recuerda que antes de afrontar esa instancia, dijo a su mujer: “Salga bien o mal, cuando vuelva del concurso recordame que soy el mismo que antes de entrar”.
 Es que Vaena hace de la humildad un culto. Esa humildad que lo lleva a dudar sobre su legado, más allá de que paseó sus conocimientos por casi todos los colegios e instituciones de su querida Gualeguaychú. “Uno llega a cierta edad en la que se pregunta, al menos frente a los nietos, qué hice y qué dejo yo”.
 De regreso a esos primeros años en la Escuela de Bromatología, describe que fueron “años muy complicados, porque no había certeza de que esa escuela terminara en Facultad”. “Hubo un espíritu solidario, un alumnado muy especial que compartía serenatas con los docentes. Se organizaban ventas de empanadas y los docentes donábamos parte del sueldo para la construcción del laboratorio, el mismo que hoy funciona en el Instituto Magnasco”, puntualizó en diálogo con FB Noticias.
 Otro dato describe su corazón de amante desesperado por la Matemática y, principalmente, por transmitirla. “En los primeros siete años en la Facultad solo tuve dos ausencias en el aula: una por enfermedad y la otra por el fallecimiento de mi padre”.
Dudo, luego soy
 El paso de los años y el esfuerzo de toda la comunidad permitieron dejar atrás la incertidumbre de la primera etapa. Mientras la computadora irrumpía como un actor más, la Facultad incorporó la Licenciatura en Nutrición y, en los últimos años, la Tecnicatura en Química. El edificio propio pasaba de una quimera a una realidad.
Lejos de amedrentarlo, todos esos cambios fueron aprovechados por Jacobo y asimilados a sus clases. “La tecnología es un instrumento de mucha ayuda si la sabemos utilizar”, advierte el maestro. En este punto, sostiene que la tecnología se asemeja a una calculadora, en la cual “uno tiene que saber que botón tocar y por qué”. “Cuando uno sabe, ella está a mi servicio, pero cuando no se, entonces estoy a su servicio”, asegura.
Más importante que las transformaciones socioculturales, son las que fueron impregnándose en su forma y modo de ser. “Hay algo que se me fue incorporando a media que yo enseñaba pero que se revela luego, cuando te encontrás con adultos que pasaron por las aulas, que no fueron buenos alumnos, pero son excelentes seres humanos. En esos instantes, es que advierto que la clave del aula pasa por formar personas, más que profesionales”.
“Si yo les enseño a pensar y a razonar, dentro de treinta años ellos van a seguir pensando y razonando, y dudo de que sigan  utilizando la Matemática”, profundizó.
No obstante, a su criterio la Mátemática tiene cuatro finalidades. La primera el aspecto formativo, dado que “enseña a pensar”. La segunda, el aspecto informativo que contribuirá a que puedas desenvolverte frente a los cálculos de la vida cotidiana. Tercera, la ética, pues enseña a respetar ciertas leyes o normas. La cuarta es la más discutida y se basa en el aspecto estético, para utilizar sus palabras, “la belleza de la Matemática”. Para ilustrar esta hipótesis cita a la Grecia Antigua, donde se emparentaba a ciencias como la música, la Matemática y la Astronomía.
Aunque algunos matemáticos han dedicado libros a la belleza de esa ciencia, Vaena se deja eclipsar por lo que denomina “la armonía, las proporciones y el equilibrio entre los números y las partes de una ecuación”.
 
Viaje al corazón del cosmos
 Pero no todo es números en la vida de este enamorado de las matemáticas, pues una parte de su corazón está destinado a los astros, además del amor por su mujer Alma María Argentina Salas, sus tres hijos y sus tres nietos.
 Según describe, el amor por la astronomía se lo transmitió en su último año del secundario el profesor Ruperto Queirós, que en la asignatura Trigonometría destinaba un módulo a la Cosmografía. Lo cierto es que con el paso del tiempo, lo que sucede en el Cosmos, más allá del Sistema Solar, se tornó otra de sus actividades predilectas. En ese camino que busca develar el enigma de los astros, en 2009 brindó casi diez charlas y lleva más de cincuenta a lo largo de su vida, pese a que –tal como él mismo afirma- no cuenta en su haber con algún libro publicado.
A la hora de elegir entre la Ingeniería y la docencia no duda un segundo: “Lo que más me llama es dar clases, el alumno, el trato con el alumno”, sentencia, como para dejar bien en claro su interés en la calidez de las relaciones humanas. Para reafirmar este concepto, da una sugerencia los docentes más jóvenes: “Conversen con los chicos, es bueno que se sientan contenidos y confíen en el profesor si tienen algún problema. Eso es lo más lindo de la docencia”, considera.
Pese a que está dando los últimos pasos como profesor de Matemática I, Vaena admite que la noticia de su jubilación efectiva significó “15 minutos de amargura”, pues continuará ligado a su segundo hogar –la Facultad de Bromatología-, a través del curso de Matemática para afiliados al PAMI, desde un enfoque curioso y divertido.
 Sabe, además, que ese vínculo con su otro hogar persistirá merced a la “excelente relación que tengo con la gente que queda en la cátedra. Es una despedida más formal que efectiva porque voy a estar cerca. Uno no se puede alejar fácilmente de la que fue su casa durante 38 años”.
 Antes de finalizar la charla, este ingeniero con corazón de maestro manifiesta su satisfacción porque el homenaje, mediante el cual se colocará el nombre de Profesor Ingeniero Jacobo Vaena a la Sala de Profesores, fue a pedido del sector no docente de la Facultad de Bromatología. “En los considerandos, ellos destacan mi humor y la buena relación con todos los profesores de la cátedra”, se entusiasma, pero, de inmediato, intenta restar mérito a su meritoria trayectoria: “LA gente cree que yo se mucha Matemática, pero creo que mi verdadero mérito es saber transmitirla”.
El Dato
Jacobo Vaena es profesor de Matemáticas en el primer año de la Facultad de Bromatología de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) donde enseña desde el 10 de mayo de 1972.
 Tiene tres hijos y tres nietos. De estos últimos, dos fueron abanderados del colegio del club Independiente a fines de 2010.
 El más joven de sus nietos participa en las Olimpíadas de Matemáticas y ha llegado a instancias con nivel nacional.
Su voto: Nada